Tu carta, sin teclearla otra vez
Haz una foto de tu carta, suelta el archivo o pega la dirección de tu web: FestFlow saca de ahí los platos, los precios y las categorías, y tú los repasas antes de publicar. Nada se publica sin tu visto bueno — los productos entran como «no disponible» y los alérgenos siempre como «no declarados», porque declararlos te toca a ti, no a una máquina.
Di lo que te apetece, con todas las letras
Tu cliente escribe «una cerveza bien fría» o «sin gluten a menos de un kilómetro», y la app lo convierte en filtros de verdad: comer o beber, los 14 alérgenos, dieta, terraza, distancia, espera. Cada resultado enseña su propia espera real — la barra y la cocina no van a la misma velocidad. La frase se lee primero en el propio móvil: una alergia no sale de ahí. El resto pasa por un modelo alojado en Ginebra, que no se entrena con tus datos.
El pulgar, plato a plato
Después de recoger su pedido, tu cliente vota cada plato con el pulgar. Solo vota quien se ha comido el plato — pedido pagado y recogido —, así que los votos no se inflan. Los votos se ven junto al nombre del plato y alimentan «lo que más gusta». Y el ranking dice exactamente lo que es: lo que gusta, no lo que se vende.
Los 14 alérgenos, en el idioma del cliente
La declaración obligatoria (OIDAl art. 5) se hace una sola vez en la ficha del plato y se muestra traducida a los cinco idiomas. Mientras no haya nada declarado, el cliente lee «pregunta al personal» — nunca una lista vacía que haga pensar que el plato no lleva ningún alérgeno. Y el aviso de alergia sale en rojo en cocina y en el ticket impreso.
Una cuenta, todas tus paradas
Tu negocio existe una sola vez; cada festival recibe su propia versión. Solicitas plaza en los festivales abiertos y el organizador acepta — toda tu temporada desde un único panel. Allí, tu puesto aparece en el mapa del recinto con su tiempo de espera: los visitantes te encuentran sin buscarte.
Carta y precios por festival
Adapta tu carta y tus precios a cada evento sin tocar tu cuenta base. Un producto agotado se retira de un toque.
En solitario entre festival y festival
En tu ubicación de siempre, tus clientes ven tu food truck — no el vocabulario de un festival. La misma caja, los mismos pedidos por móvil, la misma cuenta de cobro.
La caja aguanta cuando la red falla
La venta sigue sin conexión y se sincroniza cuando vuelve la red. El ticket en curso sobrevive a que se recargue la tablet.
Todos los medios de pago
En la app: tarjeta o TWINT.
En tu local: efectivo, tarjeta o TWINT — el cliente paga por QR desde su móvil, o en tu propio datáfono, sin contacto si quiere.
Pague como pague, todo cae en la misma caja y en el mismo cierre del día. Y en los pagos por QR no hay forma de cobrar dos veces.
Tus clientes piden sin hacer cola
Carta con fotos y extras, hora de recogida calculada con tu carga real, aviso cuando está listo y entrega verificada con QR.
Pantalla, ticket, o las dos cosas
El tablero de cocina en pantalla, la impresión automática en impresora térmica por USB, o las dos cosas — cocina y mostrador cada uno la suya. La impresión funciona incluso sin conexión.
El dinero, directo a tu cuenta
Cada cobro online entra en tu cuenta de cobro, abierta a tu nombre, y de ahí pasa a tu cuenta bancaria: tarjeta y TWINT. En festival, la parte del organizador se calcula y se puede rastrear pedido a pedido: puede retenerse en el momento de cada pago o facturarse periódicamente sobre la liquidación — se acuerda desde el principio.
Sabes qué se vende, y cuándo
Tus ventas y tu actividad, por día y por ubicación. Lo justo para decidir tu carta y tus próximas paradas con números, no a ojo.